VIERNES 11 DE AGOSTO 2007
Tras desayunar recogimos nuestras mochilitas y nos fuimos con un taxi a buscar la casa de Pedro y Patu, esta noche dormiríamos allí.
Nuestra ruta el día de hoy era:
Visitar un poco Delhi: Old Delhi (el Mercado, el Red Fort, la Mezquita), almorzar en el Karim’s, visitar el mercadillo, en fin, adentrarnos de golpe en la ciudad de Delhi.
El piso de Pedro y Patu estaba en una zona residencial tranquila, las calles sin asfaltar, pero más o menos bien conservadas (menos cuando llueve). En la puerta de la vivienda habían colgado una foto de una divinidad india con un “Welcome Catalanes” y en el salón estaban todos los billetes de avión, los teléfonos de sus amigos por si necesitábamos alguna cosa, los datos del conductor que sería nuestro acompañante a lo largo de nuestra visita por el Rajastán, y una tarjeta para el teléfono móvil. El piso estaba realmente bien. Tenía 2 dormitorios, una cocina, dos baños y una terraza grande donde tender la ropa o tomar el “fresquito”. Dejamos todas nuestras cosas y nos fuimos a buscar un Ricky (o Rick Shaw). Conseguimos coger un par de Rick Shaw para ir al centro (70 Rupias) a Connaught Place y desde allí tomamos el metro para ir a Old Delhi. El metro está mejor que el de cualquier capital española, ¡Una pasada! Limpísimo y con aire acondicionado. Salimos directamente en el Mercado de Old Delhi…Impresionante. Hay gente por todos los sitios vendiendo comida, telas, zapatos y todo lo que uno se pueda imaginar. En el bazar todos nos miran y los niños nos siguen detrás diciéndonos cosas (que no entendemos). Nos damos cuenta de que realmente la gente nos ve diferentes, somos como algo exótico, raros. No paran de mirarnos, la sensación no es muy agradable y a mí personalmente al principio me agobió un poco, luego a medida que van pasando las horas y sobretodo los días te acostumbras. A las chicas de vez en cuando nos decían alguna cosilla como “Sexy Girl”…y se te quedaban mirando descaradamente. Durante el viaje nos acompañó siempre la sensación real de ser observados y siempre nos pedían hacernos fotos con las familias, niños, padres y abuelos. Como si fuéramos una especie de trofeo.
Desafortunadamente el día en que decidimos visitar el Red Fort (11 de agosto) estaba cerrado ya que el 15 era el día de la independencia y estaban con todos los preparativos.
Vimos el Red Fort por fuera y luego nos fuimos a visitar la mezquita Jama Masijd y el mercado que está alrededor. A partir de este día ya no dejamos de sacarnos y ponernos los zapatos continuamente. En todas las mezquitas o templos debes descalzarte, así que mejor llevar siempre unos calcetines, aunque al final del viaje ya íbamos incluso sin ellos, y en los Templos Sick, debes entrar completamente descalzo. Pero bueno, vale la pena llevar unos siempre a mano, sobre todo al principio del viaje mientras te acostumbras.
En la gran mayoría de mezquitas te piden dinero por vigilar los zapatos en la entrada, en alguna ocasión y teniendo en cuenta el precio que nos pedían nos dividíamos en dos grupos y unos visitaban mientras los otros guardábamos los zapatos, cámaras etc. En la Mezquita nos pidieron bastante dinero, así que decidimos entrar en dos tandas.
Jama Masjid es la más grande de India, con tres entradas, cuatro torres y dos minaretes de 40 metros de altura. El patio interior de la mezquita tiene una capacidad para 25.000 personas. Como luego nos encontraríamos a lo largo de nuestro viaje, hay muchas personas que se ofrecen como guías, si queréis tener uno sobretodo aseguraros de que lleve su identificación oficial y preguntar siempre antes de decir que sí, el precio. Nosotros con nuestra guía ya teníamos suficiente.
Tras nuestra visita a la mezquita nos adentramos en Old Delhi para ir a comer a uno de los restaurantes aconsejados en la guía, el Karim’s. Se come realmente bien, es barato y el lugar es muy pintoresco, rodeado de callejuelas. Parece como si te hubieras trasladado de época. La luz se mezclaba con el humo de los hornos que hacían el pan, los olores de las comidas, de la gente, de la calle…era un ambiente realmente especial. Cogimos fuerzas (sin pasarnos con la comida picante para retrasar lo más posible las inminentes “cagaleras”) y nos fuimos a andar, andar y andar…nunca había sudado tanto, ¡Qué calor!. Es como si estuvieras en una sauna gigante.
La verdad es que la visita de Old Delhi el primer día en fue un poco chocante. Pero quizás nos ayudó a ver Delhi distinta al final del viaje, cuando regresamos.
Tras andar sin un rumbo muy específico y comer muy bien, fuimos a visitar la tumba de Humayun, construida a mediados del s. XVI, de arquitectura Mongol y rodeada de jardines. Allí nos encontramos con un grupo de estudiantes con una camiseta del “Barsa” de Ecuador. Eran muy simpáticos y también quisieron hacerse fotos con nosotros. Hacía un día de sol increíble y el calor era realmente asfixiante. Lo peor es que crees que luego por la noche, como pasa en España, llegará un poco de fresquito…pero allí en agosto no es así…el ambiente sigue igual de caliente de día y de noche. Nos fuimos a casa de Pedro y Patu a ducharnos y cambiarnos de ropa (luego a medida que pasaban los días la sensación de tener que cambiarse de ropa cada dos pos tres fue disminuyendo…).
Mientras nos duchábamos nos llamó un amigo de Pedro, Luís, para invitarnos a cenar y a salir por Delhi. Le decimos que sí, que Pedro nos había dicho que había un concierto y que podíamos de paso ir a ver que tal estaba. También recibimos un mensaje de George (de Seattle) para decirnos que si necesitábamos cualquier cosa nos pusiéramos en contacto con él sin problema. Que gusto da conocer gente tan amable, a veces da la sensación de que ya no queda mucha gente así, pero ¡Afortunadamente existen!
Con Luís nos reímos muchísimo y pasamos una noche inolvidable en Delhi. Como siempre afirmaré a lo largo de todo el diario, las personas que conocimos durante el viaje han sido las que nos han dejado los mejores recuerdos.
Luís se atrevía a conducir con su moto por la ciudad (realmente se necesita valor, es como conducir en una pista inmensa de auto de choques). Las motos van esquivando los coches, los coches esquivan a los rickshaws, los rickshaws esquivan a las bicicletas y las bicicletas esquivan a los peatones que a su vez esquivan las vacas, los perros, los socavones, las piedras, etc. En fin un inmenso CAOS.
Tobe se atrevió a subir con Luís de “paquete” y por primera vez el resto nos subimos todos juntos en el ricky, a partir de este día nos acostumbramos a subir los cinco juntitos y apretados, unos encima de los otros, con parte del cuerpo fuera de rickshow. La verdad es que los momentos del rickshow han sido memorables, sin duda era una de las situaciones en que nos reíamos más, aunque también pasamos momentos de profundo miedo y preocupación por nuestra salud…
El concierto resultó ser un poco aburrido, aunque la verdad es que la música era bonita, pero además nada más llegar, ya estaban acabando, así que tras discutir quien era le primero en levantarse, nos decidimos y nos fuimos. Luís nos llevó a ver uno de los lugares que más nos gustaron de Delhi, un barrio musulmán. Parecía un decorado de televisión, parecía irreal. Todo lleno de callejuelas llenas de tiendas con flores, comida, telas, y sobre nosotros el cielo cubierto con lonas, daba la sensación de estar un recinto cerrado y no estar en plena calle. De repente al final de un callejón…la mezquita. Preciosa. Nos sentamos delante, con las piernas cruzadas y los pies hacia dentro, sin señalar a la mezquita, los brazos cubiertos (y la cabeza por poquito, no insistieron mucho, pero al final nos dejaron…). La placita donde estábamos era un lugar idóneo para sentarse y relajarse, tomar un chai y disfrutar del momento. Tras estar un buen rato sentados, nos fuimos a cenar…si no llegamos a ir con Luís os aseguro que no entramos en el restaurante donde nos metió… nuestra segunda noche en Delhi y … como si fuéramos de allí… entramos en un edificio medio derruido, oscuro, lleno de gente y olor a comida. Y al sentarnos descubrimos que nada de cubiertos… Luís escogió la comida, y todo hay que decirlo, estaba buenísima, de lo mejor que probamos en India. Todos los consejos que nos habían dado, en nuestra segunda noche, ¡los enviamos a tomar por saco! Tomate, lechuga, agua…Luís nos dijo que al día siguiente, que empezábamos la ruta por el Rajastán, le avisáramos haber quien era el primero en experimentar una buena descomposición en ruta por el Rajastán… Estaba riquísimo el arroz, el cordero y el Lessie, una bebida hecha con yogurt…y agua…aunque nos enteramos más tarde. Creo que fue el más rico que probamos. Al salir del restaurante, había un lavadero donde poder limpiarse las manos antes y después de comer. En casi todos los restaurantes hay un grifo para lavarse las manos.
Tras desayunar recogimos nuestras mochilitas y nos fuimos con un taxi a buscar la casa de Pedro y Patu, esta noche dormiríamos allí.
Nuestra ruta el día de hoy era:
Visitar un poco Delhi: Old Delhi (el Mercado, el Red Fort, la Mezquita), almorzar en el Karim’s, visitar el mercadillo, en fin, adentrarnos de golpe en la ciudad de Delhi.
El piso de Pedro y Patu estaba en una zona residencial tranquila, las calles sin asfaltar, pero más o menos bien conservadas (menos cuando llueve). En la puerta de la vivienda habían colgado una foto de una divinidad india con un “Welcome Catalanes” y en el salón estaban todos los billetes de avión, los teléfonos de sus amigos por si necesitábamos alguna cosa, los datos del conductor que sería nuestro acompañante a lo largo de nuestra visita por el Rajastán, y una tarjeta para el teléfono móvil. El piso estaba realmente bien. Tenía 2 dormitorios, una cocina, dos baños y una terraza grande donde tender la ropa o tomar el “fresquito”. Dejamos todas nuestras cosas y nos fuimos a buscar un Ricky (o Rick Shaw). Conseguimos coger un par de Rick Shaw para ir al centro (70 Rupias) a Connaught Place y desde allí tomamos el metro para ir a Old Delhi. El metro está mejor que el de cualquier capital española, ¡Una pasada! Limpísimo y con aire acondicionado. Salimos directamente en el Mercado de Old Delhi…Impresionante. Hay gente por todos los sitios vendiendo comida, telas, zapatos y todo lo que uno se pueda imaginar. En el bazar todos nos miran y los niños nos siguen detrás diciéndonos cosas (que no entendemos). Nos damos cuenta de que realmente la gente nos ve diferentes, somos como algo exótico, raros. No paran de mirarnos, la sensación no es muy agradable y a mí personalmente al principio me agobió un poco, luego a medida que van pasando las horas y sobretodo los días te acostumbras. A las chicas de vez en cuando nos decían alguna cosilla como “Sexy Girl”…y se te quedaban mirando descaradamente. Durante el viaje nos acompañó siempre la sensación real de ser observados y siempre nos pedían hacernos fotos con las familias, niños, padres y abuelos. Como si fuéramos una especie de trofeo.
Desafortunadamente el día en que decidimos visitar el Red Fort (11 de agosto) estaba cerrado ya que el 15 era el día de la independencia y estaban con todos los preparativos.
Vimos el Red Fort por fuera y luego nos fuimos a visitar la mezquita Jama Masijd y el mercado que está alrededor. A partir de este día ya no dejamos de sacarnos y ponernos los zapatos continuamente. En todas las mezquitas o templos debes descalzarte, así que mejor llevar siempre unos calcetines, aunque al final del viaje ya íbamos incluso sin ellos, y en los Templos Sick, debes entrar completamente descalzo. Pero bueno, vale la pena llevar unos siempre a mano, sobre todo al principio del viaje mientras te acostumbras.
En la gran mayoría de mezquitas te piden dinero por vigilar los zapatos en la entrada, en alguna ocasión y teniendo en cuenta el precio que nos pedían nos dividíamos en dos grupos y unos visitaban mientras los otros guardábamos los zapatos, cámaras etc. En la Mezquita nos pidieron bastante dinero, así que decidimos entrar en dos tandas.
Jama Masjid es la más grande de India, con tres entradas, cuatro torres y dos minaretes de 40 metros de altura. El patio interior de la mezquita tiene una capacidad para 25.000 personas. Como luego nos encontraríamos a lo largo de nuestro viaje, hay muchas personas que se ofrecen como guías, si queréis tener uno sobretodo aseguraros de que lleve su identificación oficial y preguntar siempre antes de decir que sí, el precio. Nosotros con nuestra guía ya teníamos suficiente.
Tras nuestra visita a la mezquita nos adentramos en Old Delhi para ir a comer a uno de los restaurantes aconsejados en la guía, el Karim’s. Se come realmente bien, es barato y el lugar es muy pintoresco, rodeado de callejuelas. Parece como si te hubieras trasladado de época. La luz se mezclaba con el humo de los hornos que hacían el pan, los olores de las comidas, de la gente, de la calle…era un ambiente realmente especial. Cogimos fuerzas (sin pasarnos con la comida picante para retrasar lo más posible las inminentes “cagaleras”) y nos fuimos a andar, andar y andar…nunca había sudado tanto, ¡Qué calor!. Es como si estuvieras en una sauna gigante.
La verdad es que la visita de Old Delhi el primer día en fue un poco chocante. Pero quizás nos ayudó a ver Delhi distinta al final del viaje, cuando regresamos.
Tras andar sin un rumbo muy específico y comer muy bien, fuimos a visitar la tumba de Humayun, construida a mediados del s. XVI, de arquitectura Mongol y rodeada de jardines. Allí nos encontramos con un grupo de estudiantes con una camiseta del “Barsa” de Ecuador. Eran muy simpáticos y también quisieron hacerse fotos con nosotros. Hacía un día de sol increíble y el calor era realmente asfixiante. Lo peor es que crees que luego por la noche, como pasa en España, llegará un poco de fresquito…pero allí en agosto no es así…el ambiente sigue igual de caliente de día y de noche. Nos fuimos a casa de Pedro y Patu a ducharnos y cambiarnos de ropa (luego a medida que pasaban los días la sensación de tener que cambiarse de ropa cada dos pos tres fue disminuyendo…).
Mientras nos duchábamos nos llamó un amigo de Pedro, Luís, para invitarnos a cenar y a salir por Delhi. Le decimos que sí, que Pedro nos había dicho que había un concierto y que podíamos de paso ir a ver que tal estaba. También recibimos un mensaje de George (de Seattle) para decirnos que si necesitábamos cualquier cosa nos pusiéramos en contacto con él sin problema. Que gusto da conocer gente tan amable, a veces da la sensación de que ya no queda mucha gente así, pero ¡Afortunadamente existen!
Con Luís nos reímos muchísimo y pasamos una noche inolvidable en Delhi. Como siempre afirmaré a lo largo de todo el diario, las personas que conocimos durante el viaje han sido las que nos han dejado los mejores recuerdos.
Luís se atrevía a conducir con su moto por la ciudad (realmente se necesita valor, es como conducir en una pista inmensa de auto de choques). Las motos van esquivando los coches, los coches esquivan a los rickshaws, los rickshaws esquivan a las bicicletas y las bicicletas esquivan a los peatones que a su vez esquivan las vacas, los perros, los socavones, las piedras, etc. En fin un inmenso CAOS.
Tobe se atrevió a subir con Luís de “paquete” y por primera vez el resto nos subimos todos juntos en el ricky, a partir de este día nos acostumbramos a subir los cinco juntitos y apretados, unos encima de los otros, con parte del cuerpo fuera de rickshow. La verdad es que los momentos del rickshow han sido memorables, sin duda era una de las situaciones en que nos reíamos más, aunque también pasamos momentos de profundo miedo y preocupación por nuestra salud…
El concierto resultó ser un poco aburrido, aunque la verdad es que la música era bonita, pero además nada más llegar, ya estaban acabando, así que tras discutir quien era le primero en levantarse, nos decidimos y nos fuimos. Luís nos llevó a ver uno de los lugares que más nos gustaron de Delhi, un barrio musulmán. Parecía un decorado de televisión, parecía irreal. Todo lleno de callejuelas llenas de tiendas con flores, comida, telas, y sobre nosotros el cielo cubierto con lonas, daba la sensación de estar un recinto cerrado y no estar en plena calle. De repente al final de un callejón…la mezquita. Preciosa. Nos sentamos delante, con las piernas cruzadas y los pies hacia dentro, sin señalar a la mezquita, los brazos cubiertos (y la cabeza por poquito, no insistieron mucho, pero al final nos dejaron…). La placita donde estábamos era un lugar idóneo para sentarse y relajarse, tomar un chai y disfrutar del momento. Tras estar un buen rato sentados, nos fuimos a cenar…si no llegamos a ir con Luís os aseguro que no entramos en el restaurante donde nos metió… nuestra segunda noche en Delhi y … como si fuéramos de allí… entramos en un edificio medio derruido, oscuro, lleno de gente y olor a comida. Y al sentarnos descubrimos que nada de cubiertos… Luís escogió la comida, y todo hay que decirlo, estaba buenísima, de lo mejor que probamos en India. Todos los consejos que nos habían dado, en nuestra segunda noche, ¡los enviamos a tomar por saco! Tomate, lechuga, agua…Luís nos dijo que al día siguiente, que empezábamos la ruta por el Rajastán, le avisáramos haber quien era el primero en experimentar una buena descomposición en ruta por el Rajastán… Estaba riquísimo el arroz, el cordero y el Lessie, una bebida hecha con yogurt…y agua…aunque nos enteramos más tarde. Creo que fue el más rico que probamos. Al salir del restaurante, había un lavadero donde poder limpiarse las manos antes y después de comer. En casi todos los restaurantes hay un grifo para lavarse las manos.
Tras la cena Luís nos llevó de copitas por la ciudad. Cierran muy pronto, pero al ser occidentales nos dejaron tomar una cervecita antes de cerrar uno de los locales. La música era discotequera india, genial. Nos reímos mucho. Creo que el pensamiento de todos fue “No me puedo creer que estemos en una discoteca, en Delhi, tomando una cerveza y viendo como bailaba un frikie en nuestra segunda noche en la India.” Mejor imposible. La zona donde estaba el local era muy occidental, había cafeterías, cines, tiendas de marca. Era un pedacito de una zona comercial de Europa. Para relajarse un poco y creer volver a nuestra realidad, no está mal darse una vuelta por allí. En el bar aprendimos nuestra primera palabra, que luego nos fue muy útil durante todo el viaje “Shanti”, que significa “con tranquilidad”, sin duda es la palabra que mejor define a la sociedad india! Tranqui, Tranqui, sin prisas.
Finalmente nos despedimos de Luís, que tenía que ir a recoger a su novia al aeropuerto. Y los cinco juntitos cogimos nuestro RickShaw…Parece increíble que en ese habitáculo tan pequeño quepa tantísima gente, durante el viaje llegamos a contar hasta once personas dentro (o medio dentro) de un Ricky. Al principio te dicen que no te llevan, que no está permitido…pero al final acaban aceptando (aunque en Delhi, cuando veían a un policía, teníamos que cerrar los ojos para no ver como esquivaba los camiones, coches y todo lo que se le cruzaba por el camino).
María se sentó en la barandilla que hacía a su vez de ventanilla, le quedó medio culete fuera, con tan mala pata que al pasar un coche por el lado, le dio un golpecito al retrovisor…el coche estaba lleno de chicos jóvenes (allí no hay controles de alcoholemia, así que ya os podéis imaginar como iban a esas horas, con la música a toda castaña y riéndose de los cinco occidentales). Empezaron a seguirnos por toda la ciudad, el ricky iba rápido, pero el coche se ponía al lado nuestro y los chicos salían por las ventanillas con el coche en marcha. Al principio nos reíamos, pero al ver que nos seguían y seguían y seguían, nos empezamos a mosquear. De repente el coche se cruzo delante del ricky y a pesar de que no parábamos de gritarle al conductor que no parase “Don’t Stop!!! Go! Go!” éste no hizo el menor caso y paró. Aquí se nos cambió la cara a todos. Las risas pasaron a ser nervios. Estábamos acojonados. Uno de los chicos salió del coche, se acercó a nosotros y simplemente nos entregó un papelito con un nombre y un número de teléfono, nos preguntó nuestros nombres y nos dijo que si necesitábamos cualquier cosa en Delhi que lo llamáramos “Call me”. ¡Qué susto!
No se si el conductor también se asustó, pero lo que si hizo fue perderse, no sabía como llegar a nuestra calle. Tras una eternidad conseguimos llegar y al salir llevábamos todos la forma del rickshaw en el cuerpo del rato que estuvimos allí sentados hasta llegar a nuestro destino. Agotados, nos acostamos inmediatamente e intentamos dormir… pero…imposible… el calor era insoportable y a pesar de tener el aire acondicionado, yo por lo menos no notaba ni gotita de aire, era como estar durmiendo en un horno. Suerte que llevaba un spray de agua termal que aliviaba un poco el calor, aunque solo fueran unos segundos. No está mal llevarse uno porque te alivia en muchos momentos de calor insoportable. Probé eso de pensar en un lugar frío, en hielo…pero lo único que conseguía era tener una sed horrible…en fin…al final el sueño te acaba ganando y por lo menos creo que conseguí cerrar los ojos unos minutitos…
RESTAURANTES:KARIM’S
Dirección: Está ubicado en un callejón frente a la puerta sur de la Jama Masjid – Old Delhi.
Horario: 12:00h-15:00h y 18:00h-24:00h
Telf: 23269880
Categoría: Cocina Mogol – Precio económico
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