SÁBADO 12 DE AGOSTO DE 2007
Nos dimos una duchita de agua fría y nos vino a recoger el chofer que sería nuestro acompañante durante todo el trayecto por el Rajastán. Se tuvo que esperar hasta que acabamos de recoger un poco los trastos y ducharnos los cinco…Shanti, Shanti…
Por fin empezaba nuestra ruta por el norte de India. El coche era perfecto, el conductor, raro, amable pero raro, poco hablador, entre otras cosas por que no hablaba ni pizca de inglés, limpio, eso sí, menos mal, y sonriente.
No le entregamos la ruta, le dijimos dónde queríamos ir el sábado y ya está. A pesar de que nos la pidió el primer día tardamos un poco en dársela, porque la ruta no la sabíamos ni nosotros…Cuando le pedíamos que nos llevara a algún sitio, hacía un movimiento raro con la cabeza, como diciendo “si no hay más remedio” y eso nos chocó un poco, tenía cara de simpático pero en cambio cuando hacía ese gesto parecía un poco borde…hasta que finalmente caí en la cuenta de que en la India cuando mueven la cabeza para decir Sí, no hacen como nosotros que movemos la cabeza de arriba abajo, sino que hacen una especie de infinito, lo había leído en la guía y me vino a la memoria (cosa que no me suele pasar, porque tengo memoria de pez), ¡menos mal! Porque si no nos hubieran parecido bordes todos los indios!. Ver a los niños pequeños haciendo ese movimiento de infinito con la cabeza es realmente gracioso. Cuesta acostumbrarse, pero al final sin querer hasta ya lo hacíamos nosotros.
El tráfico es una locura, todos los coches pintándose, no hay semáforos, y si los hay no hacen ni caso, se cruzan por todos los lados, camiones, bicis, gente, animales, rickies. Un carril se convertía en cuatro en un momento. No te puedes despistar ni un segundo, suerte que conducen muy despacio, o por lo menos nuestro chofer no era muy “fitipaldi”, solo por la noche, cuando no veía un carajo, tenia prisa por llegar y pisaba el acelerador. Nuestro trayecto en este primer día de ruta era Delhi – Agra y nuestro apreciado chofer se llamaba Ranna, aunque Tobe lo bautizó rápido y cuando nos referíamos a él, lo llamábamos Giovanni, creo que él nos entendió desde el primer momento… Giovanni nos paró a medio camino en un restaurante para desayunar, era de turistas, con tiendas de souvenirs y bastante caro. Creemos que los conductores que llevan allí a los clientes tienen comisiones, o les invitan a desayunar gratis.
Nos lleva a visitar Sikri Temple, el denominado Pequeño Taj Mahal. Es muy bonito, merece la pena pasar un ratillo allí para irse haciendo la idea de cómo será el Taj Mahal…aunque uno no se lo puede llegar a imaginar hasta que lo ve. Tras visitar el pequeño templo nos vamos a Agra Fort. Las vistas son realmente bonitas y ya desde allí se puede divisar la silueta del Taj. Cada vez queda menos para ver una de las maravillas del mundo en persona. Por cierto, comentar que hay una entrada conjunta para visitar todos estos monumentos, sale más económico, nosotros nos enteramos al final. Hay que visitarlos todos el mismo día (un poco justo) pero aunque no se vean todos en una tarde, merece la pena comprar ese ticket, además te regalan una botellita de agua. En las taquillas no avisan…
Antes de visitar el Taj nos fuimos al hotel que teníamos señalado en la guía, estaba dentro de Agra, el coche no puede entrar, tampoco los rickshow bicicleta. Al principio creíamos que Giovanni no quería dejarnos en el hotel que le habíamos dicho, y nos quería llevar al que él tenía pensado (para llevarse la comisión). Pero finalmente comprobamos que realmente no podíamos pasar con el coche. Nos cargamos las mochilas a la espalda y como buenos mochileros andamos un poquito (no mucho) hasta llegar al hotel. Éste tenía una fantástica terracita donde cenamos después y las habitaciones estaban bien, eran amplias y limpias. Tenían aire acondicionado (aunque el motor como siempre era bastante ruidoso). Descargamos y nos fuimos.
El Taj Mahal es, como describirlo, impresionante. Yo había leído comentarios de viajeros que no les había gustado, porque se esperaban otra cosa, más impresionante, diferente. Pero creo que a todos nosotros nos sorprendió. Estar allí delante de ese monumento blanco, era como estar viendo algo pintado en el cielo azul. Además el sol nos hizo un regalito y asomó un poquito para iluminar con sus últimos rayos de luz. Nos quedamos sentados mirando esa maravilla horas, hasta que se hizo completamente de noche. El simple hecho de estar sentados delante del Taj ya era algo indescriptible. Queda esa sensación de quere ir a verlo otra vez para disfrutarlo más. Supongo que le debe pasar a todo el mundo, pero a mí siempre me queda la sensación de no haber absorbido todo lo que veo por primera vez y me impacta. Me gusta repetir aquello que me impresionó una vez, porque así la segunda vez lo disfruto más. Me pasó al ver por primera vez cómo salía del mar una ballena, no daba abasto con la cámara y con la vista, el olor y todos los sentidos, no era capaz de digerir aquella situación y espero poder vivir esa experiencia otra vez para disfrutar más si cabe, sin cámara sin nada, sólo yo y mis sentidos. Lo que si me ha enseñado el viajar tanto es a intentar serenarme cuando veo algo que me emociona para poder disfrutarlo más y hacer que el tiempo se pare un poquito para alargar ese momento. No se si podré lograr disfrutar alguna vez algo al cien por cien, pero estoy en ello, porque me da mucha penita quedarme con la sensación de querer más y más.
Dentro del edificio está la tumba y se puede caminar alrededor, pero lo bonito está fuera, los jardines verdes, el cielo azul, el río y el Taj Mahal, señorial, elegante, imponente. Lo mejor del mármol es que estaba fresquito y corría un brisita que agradecimos todos después del calor que pasamos en Delhi.
Al entrar al recinto del Taj Mahal te hacen pasar por unos detectores y te cachean. Como todos los detectores de India, pitan aunque no lleves nada. Te revisan la mochila. A Marc le hicieron dejar en las taquillas un mini o mejor dicho minúsculo, trípode de la cámara. Lo de Tobe fue más disparatado aún. Le hicieron dejar el mp3 y un foulard de Marta que llevaba en la mochila de color rojo…
En Agra fue la ciudad donde más turistas encontramos en todo el viaje. Aunque tampoco había mucha gente. Había mucha más gente del país. Del hotel al Taj se puede ir andando, hay cinco minutos y pasas por el mercadillo. Quizás fue de los sitios donde más llamaban tu atención los comerciantes y agobiaba un poco, pero como siempre, diciendo NO serios, solían dejarte tranquilo.
Esa primera noche en Agra fue estupenda. Por fin habíamos visto el Taj Mahal.
Nos dimos una duchita de agua fría y nos vino a recoger el chofer que sería nuestro acompañante durante todo el trayecto por el Rajastán. Se tuvo que esperar hasta que acabamos de recoger un poco los trastos y ducharnos los cinco…Shanti, Shanti…
Por fin empezaba nuestra ruta por el norte de India. El coche era perfecto, el conductor, raro, amable pero raro, poco hablador, entre otras cosas por que no hablaba ni pizca de inglés, limpio, eso sí, menos mal, y sonriente.
No le entregamos la ruta, le dijimos dónde queríamos ir el sábado y ya está. A pesar de que nos la pidió el primer día tardamos un poco en dársela, porque la ruta no la sabíamos ni nosotros…Cuando le pedíamos que nos llevara a algún sitio, hacía un movimiento raro con la cabeza, como diciendo “si no hay más remedio” y eso nos chocó un poco, tenía cara de simpático pero en cambio cuando hacía ese gesto parecía un poco borde…hasta que finalmente caí en la cuenta de que en la India cuando mueven la cabeza para decir Sí, no hacen como nosotros que movemos la cabeza de arriba abajo, sino que hacen una especie de infinito, lo había leído en la guía y me vino a la memoria (cosa que no me suele pasar, porque tengo memoria de pez), ¡menos mal! Porque si no nos hubieran parecido bordes todos los indios!. Ver a los niños pequeños haciendo ese movimiento de infinito con la cabeza es realmente gracioso. Cuesta acostumbrarse, pero al final sin querer hasta ya lo hacíamos nosotros.
El tráfico es una locura, todos los coches pintándose, no hay semáforos, y si los hay no hacen ni caso, se cruzan por todos los lados, camiones, bicis, gente, animales, rickies. Un carril se convertía en cuatro en un momento. No te puedes despistar ni un segundo, suerte que conducen muy despacio, o por lo menos nuestro chofer no era muy “fitipaldi”, solo por la noche, cuando no veía un carajo, tenia prisa por llegar y pisaba el acelerador. Nuestro trayecto en este primer día de ruta era Delhi – Agra y nuestro apreciado chofer se llamaba Ranna, aunque Tobe lo bautizó rápido y cuando nos referíamos a él, lo llamábamos Giovanni, creo que él nos entendió desde el primer momento… Giovanni nos paró a medio camino en un restaurante para desayunar, era de turistas, con tiendas de souvenirs y bastante caro. Creemos que los conductores que llevan allí a los clientes tienen comisiones, o les invitan a desayunar gratis.
Nos lleva a visitar Sikri Temple, el denominado Pequeño Taj Mahal. Es muy bonito, merece la pena pasar un ratillo allí para irse haciendo la idea de cómo será el Taj Mahal…aunque uno no se lo puede llegar a imaginar hasta que lo ve. Tras visitar el pequeño templo nos vamos a Agra Fort. Las vistas son realmente bonitas y ya desde allí se puede divisar la silueta del Taj. Cada vez queda menos para ver una de las maravillas del mundo en persona. Por cierto, comentar que hay una entrada conjunta para visitar todos estos monumentos, sale más económico, nosotros nos enteramos al final. Hay que visitarlos todos el mismo día (un poco justo) pero aunque no se vean todos en una tarde, merece la pena comprar ese ticket, además te regalan una botellita de agua. En las taquillas no avisan…
Antes de visitar el Taj nos fuimos al hotel que teníamos señalado en la guía, estaba dentro de Agra, el coche no puede entrar, tampoco los rickshow bicicleta. Al principio creíamos que Giovanni no quería dejarnos en el hotel que le habíamos dicho, y nos quería llevar al que él tenía pensado (para llevarse la comisión). Pero finalmente comprobamos que realmente no podíamos pasar con el coche. Nos cargamos las mochilas a la espalda y como buenos mochileros andamos un poquito (no mucho) hasta llegar al hotel. Éste tenía una fantástica terracita donde cenamos después y las habitaciones estaban bien, eran amplias y limpias. Tenían aire acondicionado (aunque el motor como siempre era bastante ruidoso). Descargamos y nos fuimos.
El Taj Mahal es, como describirlo, impresionante. Yo había leído comentarios de viajeros que no les había gustado, porque se esperaban otra cosa, más impresionante, diferente. Pero creo que a todos nosotros nos sorprendió. Estar allí delante de ese monumento blanco, era como estar viendo algo pintado en el cielo azul. Además el sol nos hizo un regalito y asomó un poquito para iluminar con sus últimos rayos de luz. Nos quedamos sentados mirando esa maravilla horas, hasta que se hizo completamente de noche. El simple hecho de estar sentados delante del Taj ya era algo indescriptible. Queda esa sensación de quere ir a verlo otra vez para disfrutarlo más. Supongo que le debe pasar a todo el mundo, pero a mí siempre me queda la sensación de no haber absorbido todo lo que veo por primera vez y me impacta. Me gusta repetir aquello que me impresionó una vez, porque así la segunda vez lo disfruto más. Me pasó al ver por primera vez cómo salía del mar una ballena, no daba abasto con la cámara y con la vista, el olor y todos los sentidos, no era capaz de digerir aquella situación y espero poder vivir esa experiencia otra vez para disfrutar más si cabe, sin cámara sin nada, sólo yo y mis sentidos. Lo que si me ha enseñado el viajar tanto es a intentar serenarme cuando veo algo que me emociona para poder disfrutarlo más y hacer que el tiempo se pare un poquito para alargar ese momento. No se si podré lograr disfrutar alguna vez algo al cien por cien, pero estoy en ello, porque me da mucha penita quedarme con la sensación de querer más y más.
Dentro del edificio está la tumba y se puede caminar alrededor, pero lo bonito está fuera, los jardines verdes, el cielo azul, el río y el Taj Mahal, señorial, elegante, imponente. Lo mejor del mármol es que estaba fresquito y corría un brisita que agradecimos todos después del calor que pasamos en Delhi.
Al entrar al recinto del Taj Mahal te hacen pasar por unos detectores y te cachean. Como todos los detectores de India, pitan aunque no lleves nada. Te revisan la mochila. A Marc le hicieron dejar en las taquillas un mini o mejor dicho minúsculo, trípode de la cámara. Lo de Tobe fue más disparatado aún. Le hicieron dejar el mp3 y un foulard de Marta que llevaba en la mochila de color rojo…
En Agra fue la ciudad donde más turistas encontramos en todo el viaje. Aunque tampoco había mucha gente. Había mucha más gente del país. Del hotel al Taj se puede ir andando, hay cinco minutos y pasas por el mercadillo. Quizás fue de los sitios donde más llamaban tu atención los comerciantes y agobiaba un poco, pero como siempre, diciendo NO serios, solían dejarte tranquilo.
Esa primera noche en Agra fue estupenda. Por fin habíamos visto el Taj Mahal.
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