LUNES 21 DE AGOSTO 2007
Patu nos preparó el mejor desayuno de todo el viaje, tostaditas con tomate, aceite y sal, yogur con manzana, fruta y café con leche. Un manjar que nos sentó de maravilla.
Pedro se fue a trabajar y nosotros distribuimos nuestro equipaje para no tener que facturar y llevar el menor peso posible. Nos fuimos al aeropuerto con Giovanni. Todo perfecto hasta que nos fuimos dando cuenta que estábamos sufriendo un pequeño retraso de 2 horas… Suerte que teníamos un juego de cartas (El Uno) que nos amenizó la espera en el suelo del aeropuerto.
Por fin subimos al avión, Varanasi desde arriba se ve preciosa, verde y salpicada por casitas (que una vez en tierra comprobamos que eran casitas de lo más pobre, no tan bonitas como vistas desde el cielo).
El aeropuerto de Varanasi es realmente pequeño. Salimos del avión y allí mismo nos esperaba el taxi que pedimos al hotel donde realizamos la reserva. El calor y la humedad nos dio una bofetada nada más salir del avión. El coche era antiguo. Nos metimos los cinco bien apretaditos. Tardamos una hora hasta llegar al hotel atravesando el centro de la ciudad en hora punta (o no porque luego comprobamos que siempre es así) con un tráfico impresionante y unos atascos de película.
El hotel estaba retirado del centro pero la verdad es que merece la pena. Por lo menos cuando querías descansar se agradecía no estar en medio de todo el caos. Y además por la zona había buenos restaurantes y tiendecitas. Estar en el centro de Varanasi o en los Ghats más importantes es realmente estresante y sumamente ruidoso.
Varanasi ha sido el lugar donde experimenté eso que siempre me había comentado gente que había estado anteriormente en la India o que había leído en varias guías y libros. Era la primera vez en todo el viaje que el olor en ocasiones se me hacía insoportable hasta el punto de tener que taparme la nariz y donde vi más suciedad acumulada por las calles. Las callejuelas estrechas están llenas de gente, vacas, puestos de comida que llenaban el ambiente con un olor especies, basura, calor, humedad, charcos…
Los callejones laberínticos que llevan a los Ghats, son quizás los más duros de recorrer, mejor ir durante el día o al atardecer, pero llevaros alguna linterna por si se os hace de noche, porque es IMPOSIBLE ver nada. No hay luz y las callejuelas están llenas de sorpresas!!
La zona más moderna de Varanasi, donde están las mejores tiendas, cines y centros comerciales es igualmente estresante pero más llevadera. Ir al centro comercial (aunque parezca duro decirlo) fue un alivio, ya que nos hizo sentir por un momento más cercanos a España.
El Hotel estaba bien, con un estilo moderno pero anticuado aunque estaba reformado. Tenía TV y ventilador además de servicio de lavandería e Internet. El restaurante no estaba mal, aunque no tenía aire acondicionado, solo ventiladores que con el calor y humedad que había a penas se notaban.
La primera noche cenamos allí mismo y contratamos una barquita desde la misma recepción para salir a primera hora de la mañana (05.30h) a ver los Ghats y el crematorio desde el mismo Ganges.
En la recepción del hotel nos encontramos de nuevo con los amigos de Maria (que los habíamos vista hacía unos cuantos días en Pushkar). Nos explicaron como iba su viaje, la verdad es que tuvieron bastantes contratiempos con el chofer que les llevó por el Rajastan. Que suerte que tuvimos al ir con nuestro querido Giovanni Ranha!! Su conductor se les emborrachaba a menudo y acabaron peleados y con lágrimas de por medio. Les llevaba siempre a los hoteles que él quería (donde cobraba comisión). Al final del viaje les pidió además a ellos que le dieran su propina y fue tal la discusión que tuvieron que intervenir los recepcionistas del hotel donde estaban alojados en ese momento y llamar a un guardia de seguridad (o algo así) para que les dejase el conductor en paz y se pudieran marchar sin problemas, en fin un desastre.
Patu nos preparó el mejor desayuno de todo el viaje, tostaditas con tomate, aceite y sal, yogur con manzana, fruta y café con leche. Un manjar que nos sentó de maravilla.
Pedro se fue a trabajar y nosotros distribuimos nuestro equipaje para no tener que facturar y llevar el menor peso posible. Nos fuimos al aeropuerto con Giovanni. Todo perfecto hasta que nos fuimos dando cuenta que estábamos sufriendo un pequeño retraso de 2 horas… Suerte que teníamos un juego de cartas (El Uno) que nos amenizó la espera en el suelo del aeropuerto.
Por fin subimos al avión, Varanasi desde arriba se ve preciosa, verde y salpicada por casitas (que una vez en tierra comprobamos que eran casitas de lo más pobre, no tan bonitas como vistas desde el cielo).
El aeropuerto de Varanasi es realmente pequeño. Salimos del avión y allí mismo nos esperaba el taxi que pedimos al hotel donde realizamos la reserva. El calor y la humedad nos dio una bofetada nada más salir del avión. El coche era antiguo. Nos metimos los cinco bien apretaditos. Tardamos una hora hasta llegar al hotel atravesando el centro de la ciudad en hora punta (o no porque luego comprobamos que siempre es así) con un tráfico impresionante y unos atascos de película.
El hotel estaba retirado del centro pero la verdad es que merece la pena. Por lo menos cuando querías descansar se agradecía no estar en medio de todo el caos. Y además por la zona había buenos restaurantes y tiendecitas. Estar en el centro de Varanasi o en los Ghats más importantes es realmente estresante y sumamente ruidoso.
Varanasi ha sido el lugar donde experimenté eso que siempre me había comentado gente que había estado anteriormente en la India o que había leído en varias guías y libros. Era la primera vez en todo el viaje que el olor en ocasiones se me hacía insoportable hasta el punto de tener que taparme la nariz y donde vi más suciedad acumulada por las calles. Las callejuelas estrechas están llenas de gente, vacas, puestos de comida que llenaban el ambiente con un olor especies, basura, calor, humedad, charcos…
Los callejones laberínticos que llevan a los Ghats, son quizás los más duros de recorrer, mejor ir durante el día o al atardecer, pero llevaros alguna linterna por si se os hace de noche, porque es IMPOSIBLE ver nada. No hay luz y las callejuelas están llenas de sorpresas!!
La zona más moderna de Varanasi, donde están las mejores tiendas, cines y centros comerciales es igualmente estresante pero más llevadera. Ir al centro comercial (aunque parezca duro decirlo) fue un alivio, ya que nos hizo sentir por un momento más cercanos a España.
El Hotel estaba bien, con un estilo moderno pero anticuado aunque estaba reformado. Tenía TV y ventilador además de servicio de lavandería e Internet. El restaurante no estaba mal, aunque no tenía aire acondicionado, solo ventiladores que con el calor y humedad que había a penas se notaban.
La primera noche cenamos allí mismo y contratamos una barquita desde la misma recepción para salir a primera hora de la mañana (05.30h) a ver los Ghats y el crematorio desde el mismo Ganges.
En la recepción del hotel nos encontramos de nuevo con los amigos de Maria (que los habíamos vista hacía unos cuantos días en Pushkar). Nos explicaron como iba su viaje, la verdad es que tuvieron bastantes contratiempos con el chofer que les llevó por el Rajastan. Que suerte que tuvimos al ir con nuestro querido Giovanni Ranha!! Su conductor se les emborrachaba a menudo y acabaron peleados y con lágrimas de por medio. Les llevaba siempre a los hoteles que él quería (donde cobraba comisión). Al final del viaje les pidió además a ellos que le dieran su propina y fue tal la discusión que tuvieron que intervenir los recepcionistas del hotel donde estaban alojados en ese momento y llamar a un guardia de seguridad (o algo así) para que les dejase el conductor en paz y se pudieran marchar sin problemas, en fin un desastre.
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