JUEVES 17 DE AGOSTO 2007
Aprendimos en nuestra noche de cantos con los camelleros una cancioncilla que siempre recordaremos y que seguramente os cantarán si pasáis la noche allí: “Hare bombare comen to safari…”.
Hoy nos dedicamos a visitar la ciudad de Jaisalmer, después de tomar un buen desayuno en la fantástica terracita del hotel con las murallas de la ciudad de decorado. Realmente parece que estés en la época de Jesucristo. Dentro de la fortaleza está todo más o menos limpio. Se paga un ticket para entrar en los templos. Mientras Tobe y Marc se esperan fuera guardando las mochilas (porque te hacen pagar bastante por entrar dentro con la cámara), nosotras entramos. Son muy bonitos y además están llenos de murciélagos. Dentro os encontraréis con monjes que os pedirán dinero. Nosotras no dimos nada. Si empiezas a dar dinero no acabarías nunca, y no creo que ellos fueran los que más lo necesitaban.
Jaisalmer está bastante más cuidada, comparando con lo que habíamos visto hasta entonces, las calles están adoquinadas, aunque las cacas de vaca todavía son lo más visto y pisado del suelo. Está toda construida con una piedra dorada que con el sol parece realmente un decorado de película. Por las callejuelas interiores hay tiendecitas de todo tipo. Es el lugar más complicado para regatear, son muy tozudos, supongo porque siempre hay gente dispuesta a pagar el precio más caro. Pasamos por una tienda en la que tenían unas mantelerías preciosas. El señor muy amable nos enseña su producto y nos indica los precios. Quedamos con él que al día siguiente pasaríamos para comprar algunos regalitos. Fue un timo, luego os lo explico.
A al hora de nuestra habitual pájara (hacia las 12.00h) nos fuimos a tomar una coca-cola en un bareto cutrillo pero con encanto situado en la misma entrada a la ciudad. Estaba recomendado en la guía. Hay que entrar sin mirar la cocina y subiendo las empinadas escaleras antes de que baje alguien rodando por ellas (lo de la cocina es que no destacaba por su limpieza). Los camareros eran los hijos suponemos de los propietarios. Uno de ellos nos hizo algunas fotografías con nuestra cámara.
A las 15.30h nos recogieron en el hotel con un Jeep, medio destartalado, el conductor era gracioso y llevaba la música puesta a todo volumen. Mientras íbamos con el coche alguna persona nos decía desde lejos, que la excursión era un timo y que no valía la pena. La verdad es que no le hicimos ningún caso. Es cierto que te esperas encontrar en un gran desierto con dunas y no es la realidad. El desierto al que nos llevan está relativamente cerca de la ciudad, y no es de arena y dunas, hay matorrales. Tan solo en una zona hay un par de dunas gigantes (donde todos nos hacemos las fotos). Para los que no hemos estado nunca en pleno desierto es un pequeño aperitivo. Nos hicimos fotos, nos revolcamos por las dunas (Marc haciendo de croqueta) y el viento nos lleno de arriba a bajo de arenilla e hicimos eso que tanto tiempo no hacíamos la mayoría, hacer pis en plena naturaleza. También sufrimos los mosquitos, animalillos voladores y las cucarachas peloteras. Lo mejor que pudimos hacer fue montar las dos tiendas de campaña para dormir por la noche.
El Jeep nos dejó en una zona donde nos esperaban los camelleros. Nos montamos en ellos, no sin dificultad y al cabo de un ratito (si queréis correr más vale que se lo digáis a los camelleros, es realmente divertido) paramos en un laguito para que bebieran un poco de agua. Más tarde pararíamos en un pequeño poblado, donde las chicas se escondieron y los niños corrían enganchados de los brazos de Marc.
Os comentaba que si queréis correr hay que avisar a los chicos de los camellos…Nos decían”No rush No fan” y se ponían a trotar. Nos explicaron que no a todo el mundo les gusta correr pero que realmente es lo divertido. Uno de los camelleros siempre nos decía “If you are happy, me too”.
Los camellos dormían cerca de nosotros y los camelleros al lado de nuestras tiendas pero al aire libre. Ellos nos prepararon la cena (mejor no verla) y nos comimos lo que pudimos porque estaba toda llena de arena. Luego nos hicieron un te masala y a cantar. Nos reímos sin parar. Ellos cantaban una canción y luego nos tocaba el turno a nosotros. La verdad es que solo conseguimos cantar una canción entera, el himno del Barça, el resto fueron estribillos y por cierto, les encantó el de la Marcarena! A Tobe le dio un ataque de risa mientras cantaban una de sus canciones…fue genial.
Hablando con los camelleros nos extrañó que no conocieran a ningún jugador de fútbol…en realidad casi no sabían ni lo que era el fútbol. Por allí no es tan conocido como en Europa. También nos explicaron que ellos no habían estudiado y que sabían hablar inglés gracias a las excursiones que hacían de varios días. Es increíble la facilidad que tienen para hablar idiomas. Para recordad la palabra “Força Barça” nos dijeron que lo tenían fácil: para ellos “força” significaba “bella” y “barça” significaba “ lo bueno de la lluvia”.
El cielo era espectacular, vimos estrellas fugaces…impresionante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario