LUNES 14 DE AGOSTO
Dejamos el equipaje, desayunamos y nos fuimos con Giovanni a hacer una excursión a un templo budista. El templo en sí no tiene nada, pero las vistas desde arriba (aunque nublado lo podíamos intuir) merecen la pena. Hay miles de escaleras antes de poder llegar al templo, además de monos…hay que tener cuidado con ellos, no tienen muy buen humor. Por Pushkar, durante la mañana, habíamos visto manadas inmensas de monos saltando y jugando por las ventanas de los hoteles y los cables de la calle.
Giovanni nos dejo a pie del templo. El día estaba un poco nublado, pero no nos imaginábamos que nos caería tal lluvia encima. Afortunadamente llevábamos chubasqueros. Intuimos que Giovanni se estaría partiendo de la risa por nuestras pintas y por nuestro ímpetu en subir hasta arriba.
Lo mejor de la visita sin duda fue la pequeña charla que tuvimos con un “hare” y el encuentro de Marta y Maria con una amiga, en medio de la lluvia, de las escaleras y de los monos. ¡Qué pequeño es el mundo!
El señor “Hare” nos preguntó que de donde veníamos, y al decirle desde donde nos confesó su admiración por viajar desde tan lejos para conocer la cultura de su país. Se emocionó cuando al despedirme, le dije “¡Namaste!”. Realmente se le vio conmocionado, nos recomendó leer sobre su religión, para comprenderla bien y regresar en otra ocasión para conocer una ciudad de la que ya no recuerdo el nombre, lástima. A veces la memoria nos juega malas pasadas. El templo en si era soso, pero nos reímos. Antes de entrar había una pequeña tiendecita con música y recuerdos. Uno de los chicos que estaban allí nos vendió un incienso a cada uno, en realidad debíamos coger dos cada uno, pero ya que íbamos de ratillas y habíamos pagado 1€ por dormir, decidimos coger nada más uno. Era para ofrecérselo al dios y pedir un deseo no material. El dios estaba rodeado de múltiples lucecillas, allí en la India es normal.
Tras pedir todos nuestro deseo, iniciamos el descenso por las miles de escaleras, al bajar fue cuando nos cruzamos con Pepa, la amiga de Marta y Maria. Íbamos con nuestros super chubasqueros, menos mal que los llevábamos. Luego en Pushkar nos volvimos a encontrar con ella. También nos encontramos con otra amiga de Maria, que unos días más tarde nos encontraríamos de nuevo con ella y su novio en Varanasi, donde nos explicaron su accidental viaje por India. Así como nosotros no tuvimos problemas de consideración, ellos sufrieron bastante con su chofer. Sólo aterrizar en India ya se encontraron tirados en el aeropuerto de Delhi, de madrugada. Su hotel que les había prometido como a nosotros que les iría a recoger al aeropuerto, pero a ellos los dejaron abandonados y luego cuando consiguieron coger un taxi, éste les enredaró para llevarlos a un hotel en el que pagaron una fortuna (el taxista se llevó una buena comisión seguro). Pues hablando con ella a Maria la medio atropelló una moto a toda velocidad, los chicos ni se pararon. Hay que ir con cuidado porque corres el riesgo de que te atropelle un coche, una moto, una bici, un perro, una vaca…
Una de las frases que nos regaló Pepa fue: “Si tengo un accidente en la India, me pido morir”, nos reímos mucho con ella.
Finalmente conseguimos llegar hasta el coche donde nos esperaba Giovanni para llevarnos al hotel, para cambiarnos y luego visitar Ajmer. Almorzamos en un restaurante “chic” de la ciudad, el Mango Masala. Luego fuimos a ver el Templo Rojo donde en el interior hay una gran maqueta dorada con miles de figuras, es muy bonito, el templo es de la religión JUNAC. Realmente para nosotros era como ver una ciudad irreal en miniatura, elefantes voladores, aviones, trenes, etc. Es curioso visitarlo.
Luego visitamos también el Museo-Templo Agbar sonde nada más entrar y tras pagar la entrada eso sí, nos dicen que van a cerrar, era surrealista total, pagamos la entrada, nos la dan y automáticamente nos dicen que nos demos prisa que cierran. Nos entró la risa. Hacemos la visita con todos los trabajadores detrás cerrándonos las puertas a medida que íbamos atravesando las estancias. Jajaja, me río solo de recordarlo…en fin…es India.
Para alegría de los trabajadores, finalizamos la visita, el museo está bien, aunque la verdad no pudimos recrearnos mucho. Antes de reencontrarnos con nuestro chofer decidimos ir a dar una vuelta por la ciudad, nos metemos dentro del bazar, la verdad uno de los más auténticos, éramos los únicos turistas. Allí nos compramos unas pulseritas de colores. Tras perdernos un poco y llegar tarde a nuestra cita con Giovanni (al final se acostumbró a nuestra impuntualidad) regresamos a Pushkar y allí visitamos el Templo de Brama-Shirna y Sick. También vemos uno de color blanco precioso por fuera, por dentro como todos, sencillos. Nos tenemos que descalzar del todo, calcetines incluidos…y nos querían hacer meter los pies en una zona con agua antes de entrar…aunque ya llevábamos algunos días por India, todavía no nos veíamos capaces de quedarnos completamente descalzos y menos de meter los pies allí, en el agua…al final, tras “negociar” con el amable señor que estaba en la puerta conseguimos saltarnos lo del agua. Nos puso un pañuelo naranja en la cabeza y ale, para dentro. Fue divertido hasta que nos empezó a picar a todos la cabeza…posiblemente fuera psicológico pero nos fuimos pitando para fuera para sacarnos el pañuelo, tras superar esta prueba Marc y Yo, de regreso a Delhi y en compañía de Pedro y Patu, en un día lluvioso con todo enfangado, el quitarnos los zapatos y caminar por otro templo sick, ponernos pañuelos en la cabeza usado por miles de personas al día, fue pan comido!.
Por la noche nos fuimos a cenar a un restaurante super hippie, el Baaba. La verdad es que ha sido uno de los más rápidos en servirnos, tomamos pizza (y cerveza) aunque en principio en todo Pushkar os podéis olvidar de comer carne y beber alcohol. No hay, o al menos eso dicen…
Y aunque parece que todo esto lo hicimos en un par o tres de días, la verdad es que lo hicimos en uno solo. Bien aprovechado claro, despiertos desde las 04.00h de la mañana!
Dejamos el equipaje, desayunamos y nos fuimos con Giovanni a hacer una excursión a un templo budista. El templo en sí no tiene nada, pero las vistas desde arriba (aunque nublado lo podíamos intuir) merecen la pena. Hay miles de escaleras antes de poder llegar al templo, además de monos…hay que tener cuidado con ellos, no tienen muy buen humor. Por Pushkar, durante la mañana, habíamos visto manadas inmensas de monos saltando y jugando por las ventanas de los hoteles y los cables de la calle.
Giovanni nos dejo a pie del templo. El día estaba un poco nublado, pero no nos imaginábamos que nos caería tal lluvia encima. Afortunadamente llevábamos chubasqueros. Intuimos que Giovanni se estaría partiendo de la risa por nuestras pintas y por nuestro ímpetu en subir hasta arriba.
Lo mejor de la visita sin duda fue la pequeña charla que tuvimos con un “hare” y el encuentro de Marta y Maria con una amiga, en medio de la lluvia, de las escaleras y de los monos. ¡Qué pequeño es el mundo!
El señor “Hare” nos preguntó que de donde veníamos, y al decirle desde donde nos confesó su admiración por viajar desde tan lejos para conocer la cultura de su país. Se emocionó cuando al despedirme, le dije “¡Namaste!”. Realmente se le vio conmocionado, nos recomendó leer sobre su religión, para comprenderla bien y regresar en otra ocasión para conocer una ciudad de la que ya no recuerdo el nombre, lástima. A veces la memoria nos juega malas pasadas. El templo en si era soso, pero nos reímos. Antes de entrar había una pequeña tiendecita con música y recuerdos. Uno de los chicos que estaban allí nos vendió un incienso a cada uno, en realidad debíamos coger dos cada uno, pero ya que íbamos de ratillas y habíamos pagado 1€ por dormir, decidimos coger nada más uno. Era para ofrecérselo al dios y pedir un deseo no material. El dios estaba rodeado de múltiples lucecillas, allí en la India es normal.
Tras pedir todos nuestro deseo, iniciamos el descenso por las miles de escaleras, al bajar fue cuando nos cruzamos con Pepa, la amiga de Marta y Maria. Íbamos con nuestros super chubasqueros, menos mal que los llevábamos. Luego en Pushkar nos volvimos a encontrar con ella. También nos encontramos con otra amiga de Maria, que unos días más tarde nos encontraríamos de nuevo con ella y su novio en Varanasi, donde nos explicaron su accidental viaje por India. Así como nosotros no tuvimos problemas de consideración, ellos sufrieron bastante con su chofer. Sólo aterrizar en India ya se encontraron tirados en el aeropuerto de Delhi, de madrugada. Su hotel que les había prometido como a nosotros que les iría a recoger al aeropuerto, pero a ellos los dejaron abandonados y luego cuando consiguieron coger un taxi, éste les enredaró para llevarlos a un hotel en el que pagaron una fortuna (el taxista se llevó una buena comisión seguro). Pues hablando con ella a Maria la medio atropelló una moto a toda velocidad, los chicos ni se pararon. Hay que ir con cuidado porque corres el riesgo de que te atropelle un coche, una moto, una bici, un perro, una vaca…
Una de las frases que nos regaló Pepa fue: “Si tengo un accidente en la India, me pido morir”, nos reímos mucho con ella.
Finalmente conseguimos llegar hasta el coche donde nos esperaba Giovanni para llevarnos al hotel, para cambiarnos y luego visitar Ajmer. Almorzamos en un restaurante “chic” de la ciudad, el Mango Masala. Luego fuimos a ver el Templo Rojo donde en el interior hay una gran maqueta dorada con miles de figuras, es muy bonito, el templo es de la religión JUNAC. Realmente para nosotros era como ver una ciudad irreal en miniatura, elefantes voladores, aviones, trenes, etc. Es curioso visitarlo.
Luego visitamos también el Museo-Templo Agbar sonde nada más entrar y tras pagar la entrada eso sí, nos dicen que van a cerrar, era surrealista total, pagamos la entrada, nos la dan y automáticamente nos dicen que nos demos prisa que cierran. Nos entró la risa. Hacemos la visita con todos los trabajadores detrás cerrándonos las puertas a medida que íbamos atravesando las estancias. Jajaja, me río solo de recordarlo…en fin…es India.
Para alegría de los trabajadores, finalizamos la visita, el museo está bien, aunque la verdad no pudimos recrearnos mucho. Antes de reencontrarnos con nuestro chofer decidimos ir a dar una vuelta por la ciudad, nos metemos dentro del bazar, la verdad uno de los más auténticos, éramos los únicos turistas. Allí nos compramos unas pulseritas de colores. Tras perdernos un poco y llegar tarde a nuestra cita con Giovanni (al final se acostumbró a nuestra impuntualidad) regresamos a Pushkar y allí visitamos el Templo de Brama-Shirna y Sick. También vemos uno de color blanco precioso por fuera, por dentro como todos, sencillos. Nos tenemos que descalzar del todo, calcetines incluidos…y nos querían hacer meter los pies en una zona con agua antes de entrar…aunque ya llevábamos algunos días por India, todavía no nos veíamos capaces de quedarnos completamente descalzos y menos de meter los pies allí, en el agua…al final, tras “negociar” con el amable señor que estaba en la puerta conseguimos saltarnos lo del agua. Nos puso un pañuelo naranja en la cabeza y ale, para dentro. Fue divertido hasta que nos empezó a picar a todos la cabeza…posiblemente fuera psicológico pero nos fuimos pitando para fuera para sacarnos el pañuelo, tras superar esta prueba Marc y Yo, de regreso a Delhi y en compañía de Pedro y Patu, en un día lluvioso con todo enfangado, el quitarnos los zapatos y caminar por otro templo sick, ponernos pañuelos en la cabeza usado por miles de personas al día, fue pan comido!.
Por la noche nos fuimos a cenar a un restaurante super hippie, el Baaba. La verdad es que ha sido uno de los más rápidos en servirnos, tomamos pizza (y cerveza) aunque en principio en todo Pushkar os podéis olvidar de comer carne y beber alcohol. No hay, o al menos eso dicen…
Y aunque parece que todo esto lo hicimos en un par o tres de días, la verdad es que lo hicimos en uno solo. Bien aprovechado claro, despiertos desde las 04.00h de la mañana!
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