MARTES 15 DE AGOSTO
El camino es bastante caótico, la carretera es realmente de cabras, nos perdemos (Algo habitual ya en Giovanni) pero el paisaje es bonito. Se ven los campos salpicados por los colores vivos de los saris de las mujeres que trabajan en él. Ahora todos duermen en el coche, antes nos reímos con Marta, es de las primeras en dormirse, parece como si el coche tuviese algo especial que nos hiciese entrar somnolencia. Marta se mantenía despierta los dos primeros minutos y …silencio…y…plass! Su cuello se doblaba como si fuera de goma, no importaba si tuvieses o no algún sitio en que apoyarse, simplemente se relajaba, cerraba los ojos, se adaptaba el cuello…y a soñar. De vez en cuando su inconsciente se debía percatar de la postura y se reincorporaba a su postura natural, pero duraba poco, al momento otra vez haciendo contorsionismo…así todo el recorrido por el Rajastán. Llegamos no sin dificultad al hotel, está realmente bien. Uno de los más bonitos. Está decorado con gracia y muy bien ubicado, pero lo mejor, sin duda su terraza. Las vistas a la ciudad azul y su fuerte eran espectaculares. Visitamos el mercadillo, la torre del Reloj y nos vamos a almorzar a un restaurante recomendado en la guía, On the Rock, porque leemos que hacían carne a la brasa! Pero al llegar allí justo ese día no había barbacoa. Así que nos tuvimos que conformar con tomar un snack, o sea un sándwich. El restaurante es bonito, tiene un jardín amplio y dentro es rústico. Lo único es que está un poco alejado de la ciudad. Decidimos ir a visitar un hotel de lujo que nos recomendó el propietario del primer hotel en Delhi, como nos dijo él, solo para tomar un café y verlo por dentro. Da igual las pintas que llevemos, como nos dijo, al ser occidentales tenéis la ventaja de que os dejaran pasar sin problema. Lo que ya no pudimos conseguir es que nos enseñasen alguna de las habitaciones. Debían ser espectaculares. La verdad es que merece la pena tomarse un buen cafecito o un rico te (aunque cueste lo mismo que comer y cenar en un día). Nos sentamos en la terracita con vistas a los impresionantes jardines del palacio. En la actualidad en una parte del palacio todavía residía el Majaraha y hay dedicado también un pequeño museo donde se pueden ver fotografías de la familia. Y para hacer honor a la verdad diré que todos, absolutamente todos, visitamos los baños. A parte de para ver como eran, que eran preciosos, para utilizarlos. Imaginaos si los vimos limpios que incluso nos sentamos en la taza (cosa impensable para nosotros en cualquier otro lugar, aunque sea en España) en la habitación de un hotel si, pero en los baños públicos ¡Ni locos! Pues estábamos tan emocionados que ni siquiera vimos que habían protectores de papel. En fin fuimos muy felices en esos momentos. Y tras el desahogo, nos lavamos las manos con un estupendo jabón y nos pusimos cremitas… Para acceder al palacio hay una subida importante, cuando llegamos tal vez por eso de que era subida no nos dimos cuenta, pero al bajar…madre mía…el rick show iba a 100km/hora en bajada con sus ruedecitas y su conductor que apenas miraba delante, porque tenía a Tobe al lado y eso siempre era un motivo de despiste de cualquier conductor de rickshow. Nos reímos muchísimos sin dejar de estar acojonados y apretaditos los cinco como siempre. Por la noche dimos una vuelta por el centro de la ciudad, por el mercadillo y sus callejuelas. El casco antiguo de Jodhpur está rodeado por una muralla y las calles son laberintos llenos de vida. Aquí vivimos también uno de esos momentos inolvidables. Había una mujer en lo que adivinábamos era una especie de lavandería, bueno aunque creo que solo planchaban. Le pedimos permiso para hacerle una foto, la mujer, se tapó el rostro con su pañuelo y posó orgullosa, le enseñamos la foto, se vio muy bien. En ese momento empezaron a venir niños y nos juntamos de repente con toda una familia. Incluso nos dieron su dirección para que les enviásemos las fotos. Sin duda lo éramos. Los más jovencitos querían hacerse fotos con una occidental, en este caso Marta, encima de una moto, que aquí en España seria ya una reliquia. Les encantaba posar y luego verse en las fotos. Nos lo pasamos genial. Otro de esos momentos inolvidables. Pero ese día nos guardaba mas sorpresas…por la noche decidimos cenar en la terraza del hotel, había música y bailes en directo. La verdad es que el ambiente que se crea con un poco de música en un lugar tan bonito es increíble. Es entonces cuando piensas que merece la pena el viaje. Junto a nuestra mesa había una pareja, el chico se presenta al oírnos hablar catalán. El es indio, pero reside en Los Ángeles y habla un español mexicano impecable, ella es blanquita y rubia, de un país pequeñito del este, habla inglés. Charlamos un rato con ellos. Unos días más tarde, nos los volveríamos a encontrar en Jaisalmer. Durante la cena uno de los camareros empieza a hacer broma con Tobe y luego con Marc. Al principio es divertido pero luego resulta un poco agobiante. El camarero no paraba de venir a la mesa para dar de comer de su manita a Marc, no paraba de tocarlo, hacerle masajes, limpiarle la boquita, en fin a manosearlo por donde podía. Ese mismo camarero, cuando entramos por primera vez en el hotel se quedó mirando a Tobe y a mi que iba tras él subiendo las escaleras consiguió tocarle la barba y me dijo:“ for me…not for you”. Esa misma noche para culminar el día, al ser el día de la independencia vimos hasta fuegos artificiales.
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