EL MUNDO DE GLAUKA

Espero
no olvidar la sensación que tuve al ver un ser en la inmensidad
.

¿Habéis oído alguna vez
el silencio?

¿Habéis
cruzado alguna vez la mirada con un animal salvaje?

¿Habéis
admirado alguna vez la grandeza de la naturaleza?


Espero poder alguna vez transmitir de alguna manera las sensaciones
que he tenido la suerte de experimentar en mis viajes, en mi vida y en mis
sueños.

Espero poder aprender a describir todo lo que siento y veo para dejar
escrito todo eso que tal vez mi memoria un día deje de recordar.

Espero que la vida me regale MI MEMORIA.

sábado, 25 de octubre de 2008

JAISALMER-BIKANER- ADANI PANI


SÁBADO 19 DE AGOSTO DE 2007
Desayunamos en Jaisalmer y nos fuimos con Giovanni y nuestro coche dirección a Bikaner. La ciudad en si es más bien fea, pero tiene un templo aún peor…el templo de las ratas. El viaje de Jaisalmer a Bikaner es bastante largo. Giovanni se pierde bastante hasta llegar, pensamos que posiblemente no había ido nunca. El templo se llama Karni Mata. Tras preguntar a un millar de personas conseguimos llegar al templo. Marta decide no entrar porque las ratas no son su animal preferido. Los demás nos sacamos los zapatos y con los ojos medio abiertos entramos. Uf la sensación es de asquito. Hay montones de ratas corriendo por el suelo, apiladas unas encima de las otras medio dormidas, en todas las esquinas ves ratitas comiendo en cazos con leche. La gente va completamente descalza, nosotros con calcetines y unas funditas que nos dejaron un grupo de españoles cuando visitamos el Taj. La verdad es que en dos segundo supongo que de lo que corrimos…se destrozaron. Al final los calcetines fueron a la basura. Al entrar al templo hay que dar la vuelta por un pasillo, completamente oscuro por donde las ratas caminas a sus anchas. Antes de entrar se toca una pequeña campana. Una señora, al ver que Maria y yo no lo teníamos muy claro, nos dijo que la siguiéramos, uff, eso de no ver por donde pisas y sabiendo lo que corre por ahí… da un poquito de pánico y risa tonta. Tobe para animar la cosa, nada más entrar al templo me tocó el pie con el suyo y me llevé un susto de muerte, a partir de ese momento creía que todas las ratas me rozaban los pies..ahhhh. Al final te dejas llevar te haces algunas fotos, ves como los niños caminan descalzos y como las ratas comen del mismo plato que alguno de los cuidadores…y piensas…que necesidad tenemos de estar pasando este rato…pero la verdad es que luego te ríes viendo la cara que ponemos en las fotos y lo mal que lo hemos pasado al estar cerca de tanta rata. Definitivamente, no estamos acostumbrados. Una vez fuera, Marta se resiste incluso a ver las fotos. Ella ha estado leyendo en un banco rodeada de miles de niños.
Tras la visita compramos una especie de coca-cola, porque era la hora de nuestra habitual pájara y una bolsa de patatas caducada.

Vamos a comer a un restaurante, que la verdad no merece la pena. No hay nadie y la comida no estaba muy bien. Marta y yo comimos un sándwich de queso que recordaremos toda nuestra vida, que malo estaba!!
Salimos de la ciudad de Bikaner y vamos en busca del pueblo donde hemos reservado habitación. Es un hotel rural y ecológico, es una eco-farm india. Se llama Adani Pan. A estas alturas del viaje experimentamos nuestra primera situación de pánico. Se hace de noche. Giovanni era lo prudente que se puede ser conduciendo por las carreteras de la India, siempre iba a 40km/hora, aunque no hubiese nadie y la carretera estuviese en condiciones de ir un poco más rápido. Pero al parecer “la noche le confunde” y se convierte en Shumacher. El cuenta kilómetros no bajaba de los 80 km/hora, por unas carreteras imposibles, Al principio todos estábamos callados y concentrados en el cuenta kilómetros y en la carretera, luego nos empezó a entrar la risa floja característica de los nervios y a final ya teníamos el pánico en nuestro cuerpo. Cambiamos posiciones dentro del coche, María que parecía tener una vista nocturna prodigiosa se situó en el medio entre Marc y Giovanni para ir avisando de los bultos que veía en la carretera, Marta y yo nos encajamos las gafas para intentar ver algo y Tobe estaba en una especie de trance…No se veía absolutamente NADA y teniendo en cuenta que en la carretera había de todo, vacas, perros, gatos, carros, camiones, personas, rickshows, bicis, motos, troncos, y controles de policía suicidas…pues la verdad es que lo único que queríamos era llegar a nuestro destino cuanto antes y a poder ser por nuestro propio pie. Los controles de policía constaban de vayas situadas en forma de zigzag, sujetadas con piedras y bidones…sin luces ni nada que señalizase que había un bidón una piedra y una vaya esperando que te estrellases con ellos.
Maria avisaba a Marc cuando veía un bulto en la carretera y Marc le informaba a Giovanni con su spanish-catalan-indu: “ ehhh wait, wait…” ese era el grito de alarma que Giovanni ya relacionaba con Atención Peligro. En varias ocasiones nos faltaron milímetros para tragarnos una mediana o chocar con los bidones de uno de los controles slalom.
Giovanni además no sabía donde iba y a cada minuto se paraba para preguntar la dirección, entonces en medio de la carretera paraba el coche y apagaba las luces. En más de una ocasión nos vimos empotrados con el morro de alguno de los camiones que nos venían de frente. Los coches no apagan las largas cuando te cruzas así que además de todos los impedimentos que habían para la conducción de vez en cuando nos quedábamos todos ciegos, incluyendo supongo a Giovanni. El llegar a salvo a la eco-farm fue un milagro. Al bajar del coche aplaudimos a Giovanni y menos mal que le hotel merecía la pena. Es precioso. Es como un pequeño poblado con casitas distribuidas alrededor de un patio lleno de buganvillas. Hay una casita en medio donde vive la familia que regenta la eco-farm. En el hotel no se puede tirar nada de plástico (nos tuvimos que llevar la colección de botellas de agua vacía que llevábamos en el coche). Es todo ecológico, incluso los platos para comer son de hojas. Al reservar el hotel, pedimos que nos preparasen la cena, y al llegar teníamos un manjar de los mejores que hemos tenido en el viaje. Lástima que nuestro estómago estuviera tan cerrado. El hotel tiene su propio huerto así que la verdura estaba realmente exquisita. Las habitaciones, de las mejores. Un baño muy limpio y un dormitorio-cabaña precioso. Es un lugar muy tranquilo en el que se puede descansar si tienes tiempo un par de días. Lo único es que habían mosquitos, pero con el repelente de mosquitos ya te salvas de las picaduras.

Un consejo, evitar conducir de noche.

1 comentario:

alexis dijo...

Hola, viajo a Bangalore en un mes y me gustaria contactar contigo para algun consejillo via mail porfavor. Mi mail es alexisfranco@gmail.com. Muchas Gracias
Saludos