EL MUNDO DE GLAUKA

Espero
no olvidar la sensación que tuve al ver un ser en la inmensidad
.

¿Habéis oído alguna vez
el silencio?

¿Habéis
cruzado alguna vez la mirada con un animal salvaje?

¿Habéis
admirado alguna vez la grandeza de la naturaleza?


Espero poder alguna vez transmitir de alguna manera las sensaciones
que he tenido la suerte de experimentar en mis viajes, en mi vida y en mis
sueños.

Espero poder aprender a describir todo lo que siento y veo para dejar
escrito todo eso que tal vez mi memoria un día deje de recordar.

Espero que la vida me regale MI MEMORIA.

lunes, 14 de mayo de 2007

HABÍA PISADO UNA MIERDA

Al levantarme creí que hoy sería un día como los que venía teniendo hasta ahora: estresante, con mucho trabajo, muchos objetivos, muchos proyectos y poco tiempo. Pero no, hoy sería un día distinto, hoy sería uno de aquellos días en los que haces algo por primera vez. Si, con 28 años, todavía me quedan un montón de cosas por hacer por primera vez… ¿¿Eso es bueno no??

“Cris, ya voy yo a comprarle el regalo a la Helen, tengo que pasar por el banco para hacer unos ingresos y ya de paso me acerco a una tienda donde tienen ropa muy bien de precio. No te preocupes llego en un momento a la oficina, cualquier cosa me llamas.”

“OK, Miri nos vemos en un ratito, por cierto, compra algo para desayunar ¡¡que se nos han acabado las provisiones!!”

Nos enviamos los mensajes de texto a primera hora de la mañana, sin saber lo que me podía pasar por ir a comprar un simple regalito y un desayuno caprichoso para celebrar los 35 años de nuestra compañera…¡¡35 años!! Ahora ya le empezaba a molestar tener que decir su edad… Cris y yo lo sabíamos y no parábamos de meternos con ella. Cosas de “crías”.

Me ducho, me arreglo, cojo mi cartera de ejecutiva que pesa aproximadamente 5 toneladas sin contar con los bolsillos laterales que deben pesar otras 3 o 4.
Cojo también mi bolso, con unos 7.000 euros en efectivo para ingresar en el banco, unas cuantas cartas para llevar a correos, la basura, un par de cajas de zapatos que tenía que tirar, las llaves de casa, del coche y de la oficina, las gafas de sol (que hoy por cierto no hacían falta), el móvil y yo.

Todos juntos salimos de casa como buenos amigos y nos dirigimos al coche que está a unos 5 kilómetros aproximadamente (o eso es lo que a mi me pareció).
Normalmente, primero voy al banco antes de hacer cualquier otra gestión, sobretodo cuando llevo dinero en efectivo, pero hoy me venía de paso la tienda de ropa donde quería comprar el regalo. Aparco el coche, en zona azul, y cuando voy a pagar, no tengo suelto, lo típico cuando tienes prisa y el día se presenta torcido. Saco la tarjeta de crédito y tras varios intentos fallidos, cambios de posiciones de tarjeta y cancelaciones varias, consigo un tiquete para 20 minutos (que ingenua, si lo llego a saber lo saco hasta el día siguiente, un poco más y encima me multan).

Me dirijo a la tienda, compro de manera inesperada el regalo en milésimas de segundo y me dirijo al banco. De camino a él paso por delante de la panadería, me olvido ya del dineral que llevo en mi bolso (las toneladas de documentos que llevaba en mi cartera las dejé afortunadamente, en el maletero del coche) y decido parar y comprar algo ligero para mis chicas: tres croissants y una caja de bombones de la caja roja de Nestle.

Destaco por muchas cosas pero desde luego por buena memoria no.

Decido regresar ya a la oficina sin pensar si quiera que uno de mis objetivos para hoy era pasar por correos y por el banco. Seguramente me hubiera acordado cuando ya estuviese en el coche poniéndome el cinturón de seguridad, pero lo que me sucedió, me cortó de tajo mi proceder habitual.

Paso por delante de una heladería y un parque que hay en pleno centro del pueblo cuando de repente veo tres chicos marroquíes en la esquina, ociosos y mirando a todos los que pasan, en especial a las chicas con mini falda como yo (o al menos eso creí). Pienso en escribir un mensaje de texto con el móvil a Cris para decirle que ya lo tengo todo y que voy para la oficina, en definitiva un mensaje de esos que nos podríamos evitar ya que no son necesarios, o al menos antes de que apareciera el móvil, no lo eran. Pienso como decía, en escribirlo y saco el móvil, pero me espero hasta pasar de largo a los tres marroquíes porque se que de vez en cuando han robado móviles mientras una persona hablaba o escribía un mensaje.
Ser prevenida no siempre sirve de algo, yo esperé pasarlos por precaución y al momento ya me olvidé de ellos, pero ellos no se olvidaron de mi, me seguían con la mirada y seguramente hasta los tenía detrás mía sin darme cuenta.

En menos de un segundo sentí como una mano me apretaba la mía y me arrancaba a pesar de mis esfuerzos el móvil. Supongo que el no esperarte alguna reacción te hace perder fuerzas… De repente tiré las bolsas que llevaba en la mano (de eso me percaté después cuando una buena mujer se acercó a mi para dármelas) y salí corriendo detrás del chico, por llamarle de alguna manera. No fue el miedo a perder el móvil, ni los miles de números teléfonos que llevamos cada uno de nosotros en ese pequeño aparato, si no la rabia que me dio que alguien totalmente ajeno a mí y sin sentido alguno me quitase algo que era mío y que lo había pagado con mi dinero trabajando diariamente horas y horas.
Hubiese reaccionado de la misma manera si me hubiesen estirado la bolsa donde llevaba los croissants y los bombones.

Nunca me había visto ante esa situación y ahora se como soy y como actúo ante un caso así. Por el momento me alivio al saber que no me quedo paralizada ante un problema, nunca lo he hecho, pero en el trabajo y en casa todo es distinto.

Salí corriendo a pesar de llevar una minifalda que me limitaba las zancadas y unos tacones afortunadamente de altura media y tacón ancho. Igual con un par de bambas y un chándal lo atrapo en dos minutos. Se que ante las ganas de hacer algo o la obligación moral de cumplir con algo, me salen fuerzas de donde no las tengo. Arranco a correr sin dejar de gritarle ni un instante (ni tan siquiera le insulté como lo habría hecho mucha gente con el típico “moro de mierda”) no soy racista ni tan siquiera con mi vocabulario y si hubiera sido español os aseguro que le habría increpado igual. Me limité a insultarle con todos los calificativos que me vinieron a la mente y a gritarle con todas mis fuerzas para que se diera cuenta de que le seguía y no pararía hasta atraparlo.
Corrí por las calles del casco antiguo, que por cierto dificultan mucho una persecución (o eso creía hasta ahora) porque las calles son sumamente estrechas y enredadas. En un segundo desapareció de mi vista y me quedé quieta sin saber por donde ir. Decidí girar por una calle que tenía a mi derecha y en ese mismo instante apareció el chico corriendo como un desesperado. Le volví a gritar y volví a la persecución, con la ayuda moral (supongo) de los ciudadanos allí presentes.

En el momento que se dirigía hacia al mar y hacia la carretera nacional, con el peligro que eso comportaba, apareció un coche de frente a nosotros y sin dudarlo el conductor frenó en seco, abrió la puerta de manera contundente y gracias a esas acogedoras calles del casco antiguo, que momentos antes había maldecido, el chaval quedó atrapado entre la puerta, la pared de una vivienda, el chico del coche que permanecía de pie frente a él y yo gritando y corriendo hacia el lugar del “atropello”.
Se vio rodeado y tras pronunciar unas palabras en árabe totalmente entendibles por sus gestos y tono, tiró el móvil al suelo (buena marca, pues resistió el golpe perfectamente).

Di las gracias al chico del coche y automáticamente empecé a oír los comentarios de aquellos ciudadanos que me apoyaron moralmente desde el principio de la persecución: “yo vi al chico y te vi a ti gritar y correr tras él, pero como observé que no llevaba nada en las manos no creí conveniente intentar atraparlo…” Inconcebible, ¡¡Si le parece corro y le increpo porque no me gusta ni su cara ni su chándal, no te fastidia, lo que hay que oír!!!!!” No se lo dije porque estaba completamente abrumada con la situación que había creado sin saberlo: dos mujeres paradas comentando la jugada, una chica y un repartidor preocupándose por mi salud, una señora con el móvil en la mano (estuve a punto de decirle que se lo guardase) y dándome la mano para acompañarme al trabajo y llamar desde allí a los Mossos d’Esquadra y otra buena mujer que venía corriendo hacia mi con un par de bolsas en las manos. Hasta ese momento no recordé que las llevaba antes del robo. La verdad es que no se ni donde las tiré. En fin, un montón de gente alrededor mía y el chico del coche que me ayudó, tan discreto como apareció se marchó.

Finalmente conseguí deshacerme de toda aquella multitud y llegar a mi coche. Me senté y recordé entonces que no había ido a correos, ni al banco…y que además había perseguido a un ladronzuelo callejero con 7.000 euros en efectivo en el bolso, ¡Tiene narices! ¡Esto si que tiene delito!

En el coche fue donde me empezaron los tembleques y el dolor de piernas (afortunadamente ese fin de semana había ido en bici y mis piernas estaban un poco más despiertas de lo habitual, pero nos os engañaré ¡tengo una agujetas impresionantes!). Y en el coche, fue también donde me empezaron a venir las sospechas de que algo extraño había pasado, conseguir un móvil robado por un chico de menos de 14 años, con la energía que les caracteriza, corriendo los dos por un casco antiguo, yo ingenua de mi, con 7.000 euros colgando de una mano, vestida con tacones y con una estupenda minifalda… y la aparición de aquel ángel en coche… (supongo que hoy en día eso de las “alitas” ya no se lleva) Todo esto tenía que tener una explicación anormal.


Efectivamente, cuando aprecié que mi sentido del olfato despertaba de su letargo, cuando descubrí que no lo tenía del todo perdido o maltrecho por mis múltiples alergias, y respiré a fondo para saber que me estaba pasando… descubrí que había tenido mucha, pero que mucha suerte, una suerte del peso de mi maletín, una suerte de las que te hacen comprar compulsivamente lotería de navidad en pleno mes de agosto…

Si, efectivamente, ¡Había pisado una MIERDA! Que suerte.

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